La fe y la Oración, Justificados en la de Jesús

Cuatro domingos, cuatro enseñanzas

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M.I. Pbro. Manuel de Jesús Peña Publicado: 26 de octubre, 2025

¿Que hemos aprendido en este mes?
Durante este mes de octubre, la liturgia dominical nos ha regalado una profunda riqueza espiritual. A través de las lecturas proclamadas cada domingo, el Señor nos ha invitado a contemplar su Palabra viva, a fortalecer nuestra fe y a renovar nuestro compromiso como discípulos misioneros. Este mes, dedicado de manera especial a la misión, nos recuerda que todos somos llamados a anunciar el Evangelio con alegría, a testimoniar el amor de Dios en nuestra vida cotidiana y a servir con un corazón abierto a los demás.

Por eso, comparto con ustedes una breve reflexión y resumen de las enseñanzas que hemos recibido en las celebraciones dominicales de octubre, con el deseo de que sigan iluminando nuestro caminar cristiano.

Aumenta nuestra fe - Domingo XXVII del Tiempo Ordinario
Los discípulos piden a Jesús que aumente su fe. Él responde que una fe pequeña, pero auténtica, puede mover montañas. La fe es don gratuito del Espíritu Santo que impulsa al servicio humilde. La verdadera fe actúa con obediencia, sin esperar recompensas. La Iglesia vive y se sostiene por la fe de sus hijos; cada cristiano está llamado a cuidar, alimentar y testimoniar su fe en comunidad. En la vida cotidiana, se invita a vivir con confianza, humildad y servicio. En el mes misionero, se recuerda que el misionero obra con fe, no con prestigio.

Lecturas Dominicales:

  • Habacuc 1,2-3; 2,2-4
  • Salmo 94 (95)
  • 2 Timoteo 1,6-8.13-14
  • Lucas 17,5-10

Tu fe te ha salvado - Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario
Jesús cura a diez leprosos, pero solo uno un samaritano vuelve a dar gracias. La salvación se manifiesta en el encuentro con Cristo y en la gratitud. La fe se expresa en la acción de gracias, signo de una vida transformada. La Iglesia es comunidad que reconoce las maravillas de Dios y vive en actitud Eucarística (acción de gracias). Somos invitados a reconocer los dones de Dios y agradecer. En la misión, la gratitud se convierte en testimonio y alegría evangelizadora.

Lecturas Dominicales:

  • 2 Reyes 5,14-17
  • almo 97 (98)
  • 2 Timoteo 2,8-13
  • Lucas 17,11-19

Oren siempre sin desanimarse - Domingo XXIX del Tiempo Ordinario
La parábola de la viuda insistente enseña la perseverancia en la oración. Dios escucha con amor a quienes confían en Él. La oración constante fortalece la fe y la esperanza. La justicia divina se manifiesta en la fidelidad de Dios hacia su pueblo. La Iglesia es comunidad orante, que intercede por el mundo. Su fuerza pastoral nace de la oración y de la Palabra. El cristiano misionero debe ser perseverante en la oración, confiando en el tiempo de Dios. En octubre, se impulsa a rezar el Rosario por las misiones.

Lecturas Dominicales:

  • Éxodo 17,8-13
  • Salmo 120 (121)
  • 2 Timoteo 3,14-4,2
  • Lucas 18,1-8

El publicano bajó justificado - Domingo XXX del Tiempo Ordinario
Jesús contrasta al fariseo orgulloso y al publicano humilde. Solo el que reconoce su pecado obtiene la misericordia de Dios. La justificación no depende de obras humanas, sino de la humildad y la gracia divina. La salvación es don para el corazón contrito. La Iglesia es madre de misericordia, abierta a todos los que buscan perdón. La liturgia invita a la conversión sincera. El misionero anuncia la misericordia de Dios y vive con sencillez. Se anima a los fieles a practicar la humildad, el perdón y la reconciliación.

Lecturas Dominicales:

  • clesiástico 35,15-17.20-22
  • Salmo 33 (34)
  • 2 Timoteo 4,6-8.16-18
  • Lucas 18,9-14

Cuatro domingos, cuantro enseñanzas
Durante el mes de octubre, la Iglesia nos ha guiado a vivir con mayor conciencia nuestra vocación misionera. Cada domingo, la Palabra de Dios nos ha ofrecido una enseñanza que fortalece nuestro camino de fe y compromiso con el Evangelio.
Sería ideal, entonces, realizar la síntesis con estas cuatro enseñanzas:

La fe se alimenta (XXVII Domingo)
El encuentro con Dios en la oración, en la escucha de su Palabra y en la Eucaristía nutre nuestra fe. No se trata de una fe pasiva, sino viva, que crece cuando confiamos plenamente en el Señor, incluso en medio de las dificultades. La fe se alimenta cuando reconocemos que dependemos de Dios y que su presencia sostiene nuestra vida.

La gratitud transforma (XXVIII Domingo)
El Evangelio nos recordó el valor inmenso de la gratitud. No basta con recibir los dones de Dios; es necesario volver a Él con un corazón agradecido. La gratitud abre los ojos para ver la acción del Señor en nuestra historia y nos impulsa a vivir con alegría y generosidad, reconociendo todo como un regalo de su amor.

La oración sostiene la misión (XXIX Domingo)
Toda acción evangelizadora nace de la oración. La misión no es fruto del esfuerzo humano, sino de la comunión con Dios. Cuando oramos con perseverancia, nuestra mirada se ensancha y aprendemos a ver el mundo con compasión. La oración nos mantiene firmes, especialmente cuando la tarea misionera se vuelve exigente.

La humildad abre el corazón a la gracia (XXX Domingo)
La verdadera misión se vive desde la humildad. Quien se reconoce pequeño deja espacio para que Dios actúe. La humildad nos libera del orgullo y nos permite servir sin buscar reconocimientos, sabiendo que todo bien proviene del Señor. Solo con un corazón humilde puede florecer la gracia.

El mes de octubre nos ha recordado que la misión de la Iglesia no se sostiene en la fuerza humana, sino en las virtudes que brotan del encuentro con Cristo. Con fe, gratitud, oración y humildad, la Iglesia cumple su misión de anunciar el Evangelio a todos los pueblos.

¡Ve y anuncia al Señor! Toma las palabras de San Pablo VI, y se testigo su testigo:

“La misión no es una tarea más de la Iglesia: es su identidad más profunda. Una Iglesia que no evangeliza, no cumple su razón de ser.”
- Evangelii Nuntiandi 14.

¡Gracias por tu generosidad y por ser un misionero de esperanza!


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